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Una visión del futuro

  • relojprofetico
  • Dec 29, 2025
  • 6 min read

El 15 de febrero de 2007 los médicos me informaron que pusiera mis negocios en orden ya que me quedaban pocos días de vida. Las noticias fueron devastadoras. Mi diagnóstico fue inesperado. Yo sabía que algo no estaba bien pero no a ese extremo. No podía creer que esto me estuviera sucediendo a mí. Tenía una posición como inspectora de calidad de plomo en una planta de inducción. Había comprado mi propia casa, un buen carro y así por el estilo. Había llegado finalmente a mi meta.


La alfombra de comodidad y seguridad de debajo de mí me habían sido arrebatadas.  La depresión, ansiedad y miedo por el futuro de mis cuatro hijos…, todo vino como un derrumbe y de momento me encontré en un estado de absoluta impotencia. No podía mantener mi cabeza en alto, caminar o hablar. Me decía a mí misma que realmente todo se había acabado. Estaba acabada. No había más vida para mí. Comencé a pensar si el cielo me aceptaría.


Un día, mientras dormía, tuve mi respuesta. Este es mi sueño:


Estaba frente a Jesucristo, mi Señor y Salvador. Me dijo que ciertamente mi corazón estaba lleno de amor. Entonces se arrodilló, y yo también me arrodillé y Él comenzó a escribir en el piso con una vara mientras hablábamos. Entonces dijo que me mostraría el futuro, pero que antes me dejaría saber que el conocimiento podría ser una carga y me preguntó si yo lo aceptaba. Le dije que sí. Entonces llamó a un ángel por el nombre y el ángel caminó. Le dijo al ángel que me mostrara. Eso fue todo lo que le dijo al ángel. Me fui con el ángel y lo primero que vi fue un joven en el piso y un hombre estaba a horcajadas sobre él. El muchacho que estaba en el piso gritaba, “!Ayuda, ayuda, está tratando de matarme! ¡Ayuda, ayuda!”

 

Pregunté al ángel por qué nadie lo escuchaba. Que si alguien iría en su ayuda. El ángel dijo que la gente podía oírlo, pero creían que él que gritaba era el hombre con la pistola no el que estaba gritando.


Automáticamente nos hallamos mirando una parada o celebración. Había un inflable gigantesco, semejante al hombre Michellin de los comerciales de llantas. Pregunté qué era y el ángel dijo que un momento donde no había ley comenzaba a aflorar. Entonces escuché una melodía pegadiza y veía un video musical. El hombre cantaba sobre la alegría. Le dije al ángel que la canción era alegre y agradable. El ángel dijo que la canción estaba seduciendo para hacer que la gente bajara la sus murallas y fronteras y llegara la anarquía.

 

Luego el ángel y yo nos hallamos de pie en el cielo mientras se acercaba un aeroplano. Cuando pasaba cerca de nosotros el ángel me exhortó que mirara la cola del aeroplano. Entonces me preguntó qué yo veía. Le dije que el logo de la línea aérea. Entonces me dijo que el logo era un tridente. El avión seguía pasando y me dijo que mirara hacia el interior y me preguntó qué yo veía. Le dije que veía gente. El ángel me dijo que me acercara más. Mientras me reclinaba en la ventana para poder mirar más de cerca me di cuenta de que estaba adentro del avión. Los pasajeros estaban amarrados a los asientos con cinturones de seguridad. El ángel me dijo que todos estaban muertos. Sus rostros habían sido pintados para hacer creer que estaban vivos.  Miré sus rostros y sus manos y noté que la piel estaba descolorida. Le pregunté al ángel el por qué. Entonces nuevamente nos encontramos fuera del avión. El ángel señaló y vi la costa este de Estados Unidos y dije: “!Oh no, van a hacer otro 911?”


El ángel replicó que iba a ser algo peor y que el avión cargaba una bomba nuclear. Me explicó que la razón por la cual la gente tenía los rostros pintados era para hacer creer a los pilotos que se dirigían a interceptar el avión que había civiles a bordo, lo que dilataría la respuesta para disparar al avión. Cuando tomaran la decisión iba a ser demasiado tarde. Entonces repentinamente me hallé en la Casa Blanca. Había una conferencia de prensa, un hombre negro era el presidente.


Durante la conferencia de prensa un hombre blanco, vestido con una chaqueta de colores primaverales y pantalones oscuros, caminó hacia un podio y disparó al presidente. Fue gravemente herido, pero no murió. Entonces pregunté al ángel dónde yo estaría durante todos estos eventos.


Repentinamente estaba en una casa y un Pastor vivía al lado en la casa de la esquina. El cielo se veía como si estuviese incendiado. Mis hijos y yo estábamos encerrados en un sótano. Oficiales gubernamentales habían dicho que nos refugiáramos en algún lugar y que nos preparáramos para varias semanas. Cuando llegó la señal de que todo estaba despejado nada parecía haber sido dañado. Entonces pasó un tiempo breve.


Luego hubo un terrible terremoto. Movió el techo de mi casa fuera de su base. Mucha gente de los estados del oeste y del sur llegaban a mi ciudad (Detroit, Michigan) relatando historias sobre sus huidas de la devastación. Eran miles los que llegaban y se albergaban en edificios y casas abandonadas. No había comida y el dinero había cesado debido a un colapso financiero que había sucedido meses antes, lo que había llevado a revueltas y pillaje. Había una presencia policiaca bien fuerte. Luego vi la policía bloqueando las calles. Sólo se movían cuando eran sustituidos por algún camión del ejército que los reemplazaba. Estábamos bajo una ley marcial.


Entonces el personal del ejército exigía a cada uno salir de sus casas y pararse frente a sus viviendas. Luego se metían dentro de las casas y confiscaban todas las armas, incluyendo tenedores y cuchillos. Si las personas desobedecían recibían un disparo al momento.


 Luego, más tarde, quizás dos o tres semanas, los hombres del ejército volvían a entrar en las casas. En esta ocasión confiscaban las Biblias y cualquier otro simbolismo cristiano. Inmediatamente después comenzaron a llegar grandes camiones de acero. Tenían aperturas en los lados semejantes a los de los ganados y se apiñaron de esquina a esquina. Entonces el camión de mi esquina comenzó a correr de lado a lado mientras los hombres del ejército abrían las puertas. Un gigante apareció. Era más alto que todas las casas. La gente gritaba y corría. Había un gigante ubicado como en cada diez bloques de casas. Se podían ver desde las casas. La gente estaba consternada, gritando y desfalleciendo.


Entonces se nos dijo que aprendiéramos las palabras de un papel que estaba circulando. Deberíamos permanecer quietos cuando los altavoces sonaran y teníamos que decir aquellas palabras. Cualquiera que fuera hallado fuera cuando se oyera el sonido y que no estuviera diciendo aquellas palabras sería ejecutado al momento. Yo sabía que era una oración a satán por lo que instruí a mi familia que sustituyeran las palabras como si parecieran las escritas. Entonces se hizo mandatorio (primero era voluntario) recibir un implante o un chip para poder comprar o vender. Mucha gente lo hizo con la promesa de que abrirían las tiendas.  La gente recibió el chip, pero las tiendas no fueron abiertas. Sólo se veían unas largas filas en centros para recibir un pedazo de pan.


Entonces el gobierno estaba proclamando que un evento catastrófico proveniente del espacio venía hacia la tierra, una roca gigante o planeta. Las fuerzas armadas abandonaban las calles y se nos decía que si queríamos ser salvados levantáramos nuestras manos hacia el aire para que pudiésemos ser recogidos por naves espaciales alienígenas que estaban allí para salvarnos.


Mientras miraba hacia los cielos observé que las naves estaban en todos los lugares. Las personas que tenían las manos levantadas eran alzadas por rayos hacia el interior de las naves. Me volví a mirar hacia el este vi un destello de luz que zigzagueaba los cielos. Mis sentidos se excitaron instantáneamente y mi corazón ya sabía. Cuando la luz llegó y brilló sobre mí comencé a ser levantada hacia el cielo. Allí me encontré con Jesús y felizmente le seguí. Zigzagueamos a través del cielo con muchos más. Mientras dejábamos atrás la tierra vi un enorme planeta rojo cercano a la tierra. Miré hacia abajo a la tierra y podía ver bombas nucleares que caían en todos los lugares a través de todo el planeta. Entonces estaba frente al trono de DIOS. Fui llamada a una plataforma donde Jesús le dijo al Omnipotente Dios que Él me conocía. Entonces desperté.


Me tomó tiempo recobrar mi compostura, pero por la gracia y misericordia de Jesucristo estoy en pie hoy esperando por el Señor. ¡Aleluya! Amén.


Le pido que discierna esto con en el Señor. Quizás es difícil de creerlo, pero es la verdad.


Con amor,


Nancy A. Williams

21 de febrero de 2015

 
 
 

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